
Eternamente a oscuras
En las últimas horas de la tarde, Jules Mathenson caminaba por las tibias calles de Manhatan, sin ningún rumbo, con ningún objetivo, solamente caminaba. Era ya noche, Jules decidió volver a su departamento para continuar con su estructurada y aburrida vida. Llegó, sacó sus llaves, y en el mismo instante en el que se dispuso a entrar, un hombre extraño se le acercó y le dijo: -“Muchacho! , Muchacho debemos irnos de aquí lo más pronto posible, tú no sabes lo que sucederá mañana! Vamos! hay que huir rápido”- Jules lo miró, tenía un delantal blanco, los pelos desarreglados y los ojos hinchados. Así comprendió que era un loco y para seguirle la corriente le dijo con un tono de ironía –“¿si? ¿En serio? A ver señor explíqueme ¿qué va a pasar?, el hombre lo miró y le respondió-“No me trate como un loco, porque no lo estoy si es eso lo que usted piensa. Escúcheme atentamente, a media noche el mundo se apagará, el sol y la luna se chocaran y explotaran y la tierra se quedara oscura, sin luz ¿entiende? ¡Sin luz!”
Jules esbozando una tímida sonrisa de ingenuidad le contestó: –“Mire señor, disculpe, no es que no sea cortés, pero es un tanto difícil creerle ¿Cómo las dos estrellas más grande del universo van a explotar? A parte no se preocupe que si el sol y la luna no nos dan luz las fuentes de energía alternativas no las dará y viviremos con eso ¿Entiende? Usted no se preocupe que no pasará nada.” –“’ ¡Ingenuo! Gritó el hombre desaforadamente, Jules se comenzó a incomodar-“¿Cómo vamos a vivir de lámparas?, ¿no sabe usted que si las plantas no reciben la luz del sol ellas no darán oxígeno?¿Y qué pasa si no hay oxígeno…? “Pues no, no podremos……no podremos respirar, pero eso no importa seguro que si pasara esto los científicos inventarían plantas robóticas que darán oxigeno sin la necesidad del sol”-contestó Jules. El hombre lo miró irritado y le dijo: “¡Dios mío! Cómo se nota que no me entiende, no le da importancia a lo que digo, pero no importa, a pesar de todo usted fue el único que me escuchó por eso le voy a dar esto, tome…”
Sacó una pequeña botella de su bolsillo, que parecía una especie de antídoto y se la entregó.
“Usted se preguntará para qué es esto, ¿no? Bien, se lo explicaré: esta fórmula química produce oxígeno en nuestro cuerpo, gracias a esta le permitirá vivir unos cuantos años.” Jules, mirando atentamente la botella le agradeció al hombre por habérsela dado, pero al levantar la mirada este se esfumó. Sorprendido, ahora sí, abrió la puerta del edificio y se dirigió a su departamento, sin dejar de pensar en el pobre hombre con el que había charlado. Entró, tomó un vaso de leche, vio un rato la televisión, programó a su robot despertador y se fue a dormir.
Eran la
Jules abrió sus ojos desorbitadamente, se le enfrió la sangre, estaba paralizado “¡Cielo santo! El loco tenía razón, no lo puedo creer. Desaforado salió de su casa corriendo y gritando “¡No puede ser! ¡No puede ser! “Una y otra vez. Rápidamente vio el cielo y llorando observó como los restos del sol y la luna se desplazaban por él y caían en formas de cenizas a la superficie. En ese preciso instante recordó el antídoto, corrió y se tomó hasta la última gota, lo más rápido posible pero del miedo que tenía se desvaneció. Luego de un largo rato recuperó el conocimiento y al abrir los ojos pensó que todo había sido una pesadilla. Estaba convencido de ello cuando el robot nuevamente se encendió y dijo: : ARRIBA, ARRIBA
El temor lo volvió a inundar, pero sin decir una palabra se levantó y salió a la calle. Allí vio como las plantas y los árboles se marchitaban, parecía solo en el mundo, la gente en la calle estaba muerta, sus cuerpos estaban fríos, nadie tenía vida, él era el único que la conservaba. La quietud y el silencio le carcomía las venas, no sabía qué hacer, cuando una linterna rodó por la acera, la recogió y gracias a la luz de esta vio varias sombras que se acercaban a él, las iluminó y observó rostros deformados, eran mutantes, uno corrió hacia él, lo miró quiso atacarlo cuando como por arte de magia un farol de la calle se encendió y el cuerpo del atacante se comenzó a derretir y los demás asustados huyeron, nunca más los volvió a ver.
Pasados diez años, Jules lo había intentado todo; revivir e las plantas, a sus seres queridos, encontrar otro humano sobreviviente, al loco, quizás, pero no lo logró. Ya no tenía alimentos, la soledad, poco a poco lo mataba, y el efecto del antídoto se iba acabando así fue como abandonó su refugio y caminó hacia las oscuras y frías calles sacó un arma de su bolsillo y lo único que se oyó fue el eco de un grito y luego la tierra oscura, fría y desolada quedó en silencio.
Autora: Aldana janet Molina(yo)
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